Colecistectomía

colelitiasis

No estaba muerta y no andaba de parranda, andaba en pabellón. Si niños, quirúrgico. A continuación, mi aventura de casi un año con un grupo de rocas de diversos tamaños viviendo en mi vesícula -las peores inquilinas del mundo, no pagaban nunca el arriendo y mas encima me hacían vomitar por cualquier cosa- y que tuvo un desenlace con sangre y todo:  una colecistectomía.

25 de febrero de 2013, primer día laboral del año. Primer consejo técnico del año, primer día oficialmente aburrido del año de no ser por que almorzamos pizza y comimos uvas del parrón de postre. WAIT. Me siento mal… Chiquillas, creo que voy a vomitar. Luego de casi una hora vomitando, alguien llama a TeresitaDeShile para que me fuera a buscar (andaba en la BerdeaCleta) y dejarme en calidad de bulto en mi cama. Vomité, aproximadamente, desde las 15°° horas de un lunes hasta las 8°° am del martes. Volamos al CRS. Diagnóstico: intoxicación por comida, gastritis del terror. Viadil intravenoso, un par de analgésicos mas y a casa.

Desgraciadamente, esta fue una escena que se repitió al menos una vez cada uno o dos meses, siendo noviembre/diciembre  el periodo mas crítico de todo el año y que me llevó, AL FIN, en búsqueda de un gastroenterólogo que estuviera dispuesto a abrir el caparazón si era necesario.

Luego de una serie de exámenes (debo decir que despertar de una endoscopía es gra-cio-sí-si-mo y pueden ver como llegué a la casa AQUÍ), el diagnóstico era simple: colelitiasis  o, simplemente, cálculos en la vesícula. Como encontrar un gastroenterólogo en este país es mas difícil que pillar un buen ambiente laboral, estuve al menos tres semanas con la incertidumbre viva, mirando esa maldita ecotomografía y pensando en por que mi riñón derecho es mas pequeño que el izquierdo, que tipo de poxipol usarían para cerrar mi caparazón, etc.

Aunque se veía muy lejano en mi  Calendario Gráfico™ (patente pendiente) -disponible para descarga gratuita en la linda web de Mesa Gráfica :D-, llegó el 14 de enero: si, bueno, debes operarte… Claro, en lo posible, AYER. Esperanzador. Así, fui derivada y caí en las manos del cirujano Alejandro Mandujano (amo que sean tantas jotas), hombre de la vieja escuela que aun escribe sus recetas a mano y te recibe de besito y abrazo en su consulta.

Como buen hombre de familia, el doc ya tenía sus vacaciones planeadas y me dijo “mira, tenemos dos opciones: esperar a que yo vuelva y sabemos que eso significa dolor, muerte y desolación o, simplemente, lo hacemos esta semana”. Me gusta este cabro. “Voy a agendar pabellón para el viernes”.

Así, feliz, me fui a almorzar con mi abuela Carmen y mi Tata Claudio. Estábamos gritándonos en la sobremesa (por que, aparte de ser italianos, Klaps y Carmen están viejitos y sordos) cuando mi teléfono sonó. Meh, el doc: “Fernandita, no hay pabellón para el viernes” (POR LA CONCHETUMADRE, ¡NO QUIERO ESPERAR MAAAS!) “pero pillé uno para mañana jueves a las 20°° horas”. WOW. Yapo doc, démosle.

La suerte estaba echada. Partimos temprano a la clínica para los últimos exámenes de rutina (que manera de pincharme, pordióh), a pagar el bono PAD de FONASA (oye que salvó la custión, ¡salió LA MITAD de lo que debería haber costado!), hacer los trámites de admisión -ABURIIIIIIIIIDOOOOO- y chum paentro a pabellón.

HORROR. Que onda el dolor al despertar. Lloré, pataleé. Me destapé entera y me saqué el oxígeno pero hey, lo logré. Adivinen a quien le inyectaron morfina 😀 Cuando mi umbral del dolor ya estaba en niveles aceptables fui trasladada a mi pieza que, sorpresa, resultó ser para mi sola y no compartida. Gracias a todos los que se operaron ese día, disfruté mucho mi madrugada de Disney Channel y Nickelodeon.

A eso de las 8 am llegó al doc a verme y darme de alta. Me contó los pormenores de la cirugía, que plasmaré para ustedes: al abrir mi caparazón en los cuatro puntos definidos por la laparoscopía, descubrieron que mi vesícula era aproximadamente TRES VECES MAS GRANDE DE LO NORMAL y, además, presentaba una condición llamada “VESÍCULA ENQUISTADA”, lo que significa que el hígado cubría la vesícula por completo, dejándola en segundo plano. Al parecer, las tortugas somos mas especiales de lo que creí y todo hizo que mi intervención demorara un poco mas de lo esperado y, obviamente, que tuviera ganas de matar a alguien cuando desperté. Al menos todo el personal de la clínica era un encanto e hicieron lo posible para que no sufriera (me inyectaron todos los analgésicos posibles), se reían mucho conmigo, que el pelo, los tatoos y no creían que edad tenía ni que tuviera tantos piercings (me los tuve que sacar todos, me sentí muy extraña), conversamos harto y nos reímos mucho. Especialmente cuando me llevaron el desayuno y estaba cantando Survivor de Destiny’s Child. Si, sobreviví. Y en cuanto el doc diga, volveré a las pista del chanchismo, por que ser una #gordawashona es un estilo de vida.

Exactamente en dos meses desde la operación, el 16 de marzo de 2014, estaré oficialmente operativa para comer normal otra vez. Empiecen a agendar donde me van a llevar a comer.

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2 pensamientos en “Colecistectomía

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